jueves, 15 de abril de 2010

Día 83: Sangre.

He encontrado mi luz aquí. Mi sonrisa simple y verde, sin más. Mi nada, mi blanco, mi limbo. No es el mar infinito, pero el cielo es azul. Y el sol brilla, aunque las nubes juegan a atrapar el viento.

He encontrado mi luz aquí, he dejado que limpie la sangre reseca. He sido feliz aquí, he comprado tulipanes y me he deslizado entre su olor.

He encontrado mi luz aquí, y he descubierto que sigo respirando sombras. La oscuridad y el viento poroso no nacen del vacío, están en mis ojos. El fuego de la bestia, su rugido, siempre han reververado en mi garganta. Cuando sus colmillos atraviesan la piel, es mi lengua la que siente la sangre.

Sé que mi oscuridad está por ahí, en alguna parte. Puedo sentir su ronroneo, aunque no termine de ver el color. No sé qué va a cambiar al abrir la jaula. Si su fuerza seguirá ahí, si me consumirá, si la poseeré. No sé qué resta en su interior. Pero quiero averiguarlo.

Quiero jugar. Y el juego más divertido con rincones oscuros en los que esconderse y conspirar.

Es una relación complicada, pero sin bestia no hay mar, no hay olas, no hay infinito. Es jugar con fuego, arriesgarme a que carbonice.


Pero soy yo, soy así, y aún no he decidido si adoro la luna.


Juega, juega, juega conmigo, por favor. Haz que esto sea divertido. Necesito sentirme viva, mantener la llama. Basta ya de mediocridad.



Y es que el fuego, para existir, necesita oxígeno. No crece en el vacío, pero tampoco en un compacto.

Hagamos que arda el fuego.

1 comentario:

  1. ¿Cómo se hace arder el fuego?
    No parece un combustible...

    Además, ¿Quién aparte de tú conforma ese nostros hagamos?

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