Estas vacaciones son, además, Navidad. Y no me gusta. Porque mañana va a hacer cuatro años que nos abrazamos y, sinceramente, me gustaría bañarme en una solución de lejía y formol y salir blanca. O no salir. Que viene a ser lo mismo.
Estoy triste.
No, no es triste.
Estoy obtusa. Blanca. Empanada. No estoy.
Sí, básicamente es eso. Llevo unos meses que no estoy. Y en vacaciones, en esta ciudad, se incrementa. Y en estas fechas, pues más. Y estoy un poco hasta las narices de la melancolía, pero qué se la va a hacer.
No sé nada, no pienso nada, no quiero nada.
Sólo estoy algo triste y bastante aburrida.
Ah, bueno. También echo de menos a alguien que no existe ni en mis recuerdos. Y es que no te reconozco.
Creo que ese es el quid de la cuestión. Que echo de menos cosas, pero nada concreto, sólo la vida, sólo melancolía. Sensaciones.
Porque esa persona no existe ya. No me refiero a que no exista para mí. No. No existe. No la reconozco en las fotos, en la calle, en ninguna parte. Quizá su voz no haya cambiado, pero son sólo matices de recuerdo. Tal vez si te oliese y fuese como antes algo renacería. Pero no sucederá. Y aún cuando todo se rompiese de la misma forma.. ¿qué podría importar?
Nuestro suelo se rompió, y ya está. Así que ruego amablemente a tu recuerdo que desaparezca ipso-facto de mi ser.
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