Queremos palabras, sin importar cuales, que conviertan el vacío en algo mecánico y transcribible; que doten a la tristeza de alguna estructura al son del incesante devenir del reloj.
No obstante, poco queda por escribir cuando todos los semáforos están ya en ambar, cuando los conductores levantan el pie el del embrague (seguimos en Europa y sus coches aún con marchas) y se preparan para saltarse cualquier eventual stop o ceda el paso que podría salvar la vida de los incautos peatones, que siguen de picnic en mitad de avenida.
Cuando todo está dicho, poco que por escribir. Cuando todo ha sido intuido pero nada pensado, cuando no se quiere decidir porque la única decisión en nuestras manos es la que no queremos... Sólo queda dar rodeos y llenar silencios para describir aquello para lo que un parpadeo habría bastado.
Todo empieza a volverse marrón...
Y el marrón es el color del adiós y la soledad.
Coño que tristeza y que poco entiendo.
ResponderEliminarÁnimo niña!!
Las marchas son lo mejor que hay, te dan el control. Niña tonta boba ¬¬
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