miércoles, 22 de septiembre de 2010

Dia 243.- Dolor de oidos

El otoño siempre ha sido marron. Podemos extender la gama de colores tanto como queramos, incluir granates, ocres, amarillos... Pero sigue siendo marron. Da igual cuantas tonalidades de marron seamos capaces de nombrar. Siguen siendo marron.
Y yo siempre he sido del otoño, he sido marron, por mucho que ahora me llamen rubia y me guste mas la primavera.
Mis cejas y mis ojos siguen siendo del otoño, mi corazon sangra al ritmo de las lluvias otoñales.
¿Sabiais que el mediterraneo es el unico clima en el que la estacion seca es el verano? Deja la piel muerta, arida, agrietada. Para que llegue el otoño y borre con tormentas los restos de las frutas caidas, para que su manto de esquirlas marrones cubra de susurros las alamedas. La melancolia no necesita la cautela de otras epocas, sus pies se funden en la mullida alfombra de deshechos marrones y el eco de sus pisadas es tomado por la despedida de las golondrinas.

Siempre me gustaron las golondrinas, con sus nidos de barro y paja... Hasta que alguien me dijo que por mucho que el ave se alzase en el cielo esclava sigue siendo de la naturaleza y sus instintos. Que no van a donde quieren, que no quieren ni sueñan.
Que solo es ser humano es consciente de si mismo, de la vida y la muerte; y que solo el es libre a la hora de vivir. Y yo le crei.

Hasta ver a los ratones de las ciudades envenandose entre los coches.

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