domingo, 11 de julio de 2010

Día fffff. Debería mirarlo antes de empezar a escribir.

En situaciones de peligro es norma para el grupo cerrar filas. Unirse, formar una piña. Golpear como uno solo.
En tiempo de crisis es propio de la sociedad volver a sus instintos primarios, cerrar filas en torno a sus centros: derecha e izquierda renacen con fuerza, los gritos en la calle llevan cada día un poco más de sangre.
El centro se diluye y pierde fundamento.

Distintos ideales producen distintas recetas, todas en principio con un mismo objetivo, pero tan distintas en la esencia y estructura que parecen hablar de mundos distintos. Y entre mundos distintos se gritan unos y otros, repitiendo clichés y definiciones subjetivas que pronto conforman gritos de guerra cuyo significado yace perdido en la red.

No dicen más que piedras lloviendo. No significan más que eso.


Echarse las culpas nunca es tan sencillo como cuando el miedo da vida a las venas.




No me gusta la políca. Y menos los politequeos.

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