martes, 8 de junio de 2010

Día 136.- Callejón sin salida.

Están aquellos que son arrollados en cada instante por la vida, están tan dentro de todo que ya no es que buceen en una corriente imparable, sino que beben el río, respiran del río, son el río. Ellos son los que no ven el río sino tan sólo el agua, sin perspectiva ni dolor. Son los que golpean una y otra vez los márgenes y las piedras y el aire hasta dar, sorprendidos, con un sabor salado que creían perteneciente a las leyendas. En ese pequeño instante de incompresión y dolor, cuando la fuerza que los llevaba ya se ha extinguido, giran los ojos atrás y a fuera y alrededor y a todas partes, intentando ver a través del agua. Y el miedo los sorprende y aniquila en el último momento, cuando descubren que el agua nació entre rocas, y entre rocas ha de estrellarse y perecer. Y se arrepienten de no haber sido capaces de ver más allá de su piel.

Existen, también, los que son esclavos de la promesa del infinito. De pequeños, en algún momento, leyeron algo sobre sentir todo y nada al mismo tiempo; quedaron en duermevela en una hamaca entre estrellas que olían a jazmín y, con el caer de las flores, creyeron sentir el eco de algo más.
Miraron las estrellas y, en el reflejo de sus ojos, creyeron hallar las trazas de una respuesta trascendente. Desde entonces, atrapados por el firmamento, han intentado ver desde fuera y sentir desde dentro, beber de imparcialidad, perspectiva y desapego, sin poder dejar de, sencillamente, mirar.
Cuando caminan han de reconciliarse con sus pies, pertenecientes a un cuerpo que no se siente como propio, para que vuelvan a pisar hojas que nacieron marchitas y caducas.
Ellos son los que se maravillaron de que el agua brotase de una pared de marfil y roca para, tras un choque en la corriente, tornar la vista al mar que toda vida devora. Y fueron incapaces de seguir respirando.
Ellos son los que ven del río un paréntesis, una pausa entre desierto y desierto.Los que saben de la muerte en cada instante. Los que se vanaglorian de su necesidad de saber y perspectiva pero, intrínsecamente, se odian, se odian siempre, en cada instante, por ser incapaces de hacer lo único para lo que han nacido: vivir.
Pero es que saben que la existencia es una excepción, un mero trámite, algo extraordinario.
Y no dejan de preguntarse cómo todo el mundo, hasta ellos mismos, puede dar algo tan improbable por hecho.

Hay sólo algo que los ata lo que entienden como un sin sentido: la curiosidad.













I'm out of me.

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