domingo, 16 de mayo de 2010

Día 112: Breathing.

Siento que ya no me defino por ti.

Pero aún no estoy lista para cerrar esto.



Ahora, la desesperación es un líquido negro y grumoso, que nace en algún lugar de las arterias y rodea el corazón. Grande, grande, grande. Se expande sobre él. Se clava dentro de él. En todas partes.
Empiezo a pensar que esa sensación forma parte de mí. Lo extraño empieza a ser no encontrarla. Poder respirar sin hundir los ojos en un mar de sal.
Quiero caer, caer, caer; caer desde la nada y hacia la nada, caer tan rápido que la desesperación, el dolor, queden atrás, sobre mí. Quiero que se desgarren y desprendan de mi alma, estrellarme contra picos de agua mortales. Que llueva miedo.
Quiero respirar y rugir de nuevo. Quiero ir al mar y sentir el agua fluyendo dentro de mí. Un torrente de vida azul. Frío, helado, salado.

Quiero que el aire penetre mis pulmones.











Pero
tengo que estudiar.

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