miércoles, 31 de marzo de 2010

Día 68: Inestabilidad.

No puedo apartar tus ojos de mi mente. Esa forma que tenías de mirarme. A mí, sólo a mí. Con furia, lujuria, pasión, deseo, amor, posesión, cariño, risa, fuego. Me mirabas queriendo hacerme tuya, en todas las formas, en todos los sentidos. Y, al menos en esos momentos, yo lo era, en toda mi extensión. Y teníamos mil caras, pero tu mirada siempre estaba ahí.
Cuando reíamos, cuando desaparecías bajo las sábanas y me mordías y me hacías cosquillas, cuando me apretabas tan fuerte que era incapaz de distinguir dónde estaba la separación entre los dos, cuando me abrazabas por detrás e incabas tus dientes, blancos, en mi hombro, en mi cuello. Cuando yo me enfadaba porque, una vez más, habías olvidado mi contractura.
Cuando me hacías pedorretas, cuando sonreías al oir un te quiero, cuando te enfurruñabas al no tener mis labios, o mi voz, o mi amor.

Saber que nunca, jamás, volverás a mirarme de esa forma es lo que me está quebrando el alma.

Porque lo sabes, lo sé, eso era amor. Me desnudabas y devorabas al posar tus ojos en mí.





Y, quien no lo entienda, o piensa que me rayo y que debería dejarme de idioteces, o que no pongo interés suficiente en pasar página y olvidar, es que no ha amado. Puedes estar feliz cuando se acaba una relación. Pero no olvidar. Olvidar, jamás. Espero.







Por otra parte... también sé que tú no podrás mirarme así. ¿Cómo es así? Con amor, fuego, deseo. Necesidad. No me mirarás así, no me besarás como si mi cuerpo fuese la puerta a la salvación. Por eso es por lo que no puede ser.

Siento ahora. Esta noche sentiré otra cosa. Mientras me lave los dientes, sólo mar.



1 comentario: